Colombia afronta una nueva prueba en el
Sudamericano Femenino Sub-20 con la tranquilidad de haber cumplido el primer
objetivo, pero también con la preocupación lógica que generan las cargas físicas
del torneo. La Tricolor lidera el grupo A y quiere cerrar la fase con autoridad
para llegar fortalecida al hexagonal.
El conjunto que orienta Carlos Paniagua ha
mostrado equilibrio en sus tres presentaciones. El empate frente a Chile y los
triunfos contra Venezuela y Uruguay le dieron siete puntos y el boleto
anticipado a la siguiente ronda, un premio al orden táctico y a la respuesta de
un plantel que mezcla talento y disciplina.
Sin embargo, el cruce ante Paraguay aparece como
algo más que un simple trámite. Además de tratarse del anfitrión, es un rival
que suele complicar a las cafeteras en esta categoría y que necesita sumar para
seguir con vida, un condimento que eleva la intensidad esperada para el
encuentro.
La mayor incógnita pasa por Maithé López. La
atacante, que ha participado directamente en buena parte de los goles
colombianos, terminó el duelo anterior con molestias musculares y su presencia
desde el arranque no está asegurada. El cuerpo médico analiza día a día su
evolución.
Desde el banquillo el mensaje es claro: más
importante que arriesgar ahora es tenerla al ciento por ciento cuando inicie la
fase definitiva. Por eso no se descartan cambios en la formación titular y la
posibilidad de ver a otras futbolistas asumir responsabilidades ofensivas.
A la dificultad propia del adversario se suma
el antecedente reciente entre ambas selecciones. Paraguay ha logrado imponerse
en varios enfrentamientos previos, un detalle que sirve de advertencia para
Colombia, que pretende cortar esa racha y reafirmar el momento positivo que
atraviesa.
Con
la cima del grupo en sus manos, la Tricolor busca combinar prudencia y
ambición. Cuidar a sus piezas determinantes sin perder ritmo competitivo es el
reto inmediato, mientras el sueño de pelear el campeonato continental empieza a
tomar cada vez más forma.

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